• Juan David Tamayo, Santiago Acosta y Sebastián Franco

Criptomonedas: ¿Revolución o Burbuja Financiera?



En lo corrido del año 2021 las criptomonedas han sido uno de los activos que mayores retornos han generado para los inversionistas. Para contextualizar, solo en el caso de Bitcoin desde comienzos del año el activo digital incrementó su precio, en promedio, un 112% (MarketWatch, 2021). También, la capitalización de mercado del Bitcoin llegó a superar el billón de dólares, indicador que el mercado valora más este activo que empresas como Facebook o Netflix (Yahoo Finance, 2021). Más aún, los beneficios de las criptomonedas parecen no limitarse a sus rendimientos en el corto plazo. Los defensores de estos activos alegan que en largo plazo marcarán un antes y un después en la economía. Sus argumentos se centran en que las criptomonedas pueden empoderar a los consumidores: desligar su riqueza y poder adquisitivo de las decisiones de política comercial y monetaria de gobiernos y Bancos Centrales (Business Insider, 2021). Al mismo tiempo, argumentan que las monedas digitales descentralizadas podrán convivir con el papel moneda tradicional. Es decir, que además de ser un depósito de valor más eficiente que el papel moneda, podrán emplearse como un medio de intercambio con igual liquidez.


Para respaldar estas ideas, la Oferta Pública Inicial de la empresa Coinbase sentó un precedente en el desarrollo de la “criptoeconomía”. La salida a bolsa de esta compañía de activos digitales puede pavimentar el camino para que más personas tengan la posibilidad de acceder a las criptomonedas y sus premisas de empoderamiento. Por un lado, el cotizar en una Bolsa de Valores le permitirá a Coinbase acceder a más fuentes de financiamiento, lo que le otorga herramientas para expandir su actividad operacional y llegar a más clientes. En adición, el éxito de esta operación puede generar incentivos a que empresas con modelos similares (como Kraken, Blockchain.com o Bakkt) amplíen su estructura y sus operaciones, y en últimas ayuden a democratizar las criptomonedas (Yahoo finance, 2021).


En contraste, no todos los analistas perciben a las criptomonedas como una revolución financiera. Para algunos, estos activos podrían ser una burbuja especulativa en el corto plazo. El alto crecimiento del precio de las criptomonedas no parece tener una relación causal con incrementos en su valor fundamental al ser un activo de valor intrínseco cuyo uso es limitado. Por ejemplo, el caso de Dogecoin: una criptomoneda creada en el 2013 como una especie de broma, que a lo largo del 2021 tuvo un crecimiento del 6000%, y hace una semana un crecimiento del 400%, posicionándose como la quinta criptomoneda más valorada, con un valor de sus activos en circulación de alrededor de 50 billones de dólares (CNN Business, 2021). Esta criptomoneda incrementó su precio principalmente por transacciones especulativas en los mercados financieros. Transacciones que fueron alimentadas no por un mayor valor fundamental, sino principalmente por tweets y “memes” difundidos por Elon Musk y comunidades del foro de internet Reddit.


En realidad, el precio especulativo no se limita al Dogecoin. Según la última encuesta del Bank of America a los fondos de inversión, el 74% afirma que las criptomonedas en general son una burbuja especulativa. El riesgo radica en que, si se sigue esta tendencia alcista, eventualmente el precio de estos activos alcanzará niveles de exuberantemente irracionales, y finalmente la burbuja estallará. Es decir, ya no habrá más inversionistas dispuestos a comprar estos activos al precio de mercado. En consecuencia, los activos se venderán a un precio reducido, evitando tener mayores pérdidas a futuro. Eventualmente, la corrida en los mercados de las criptomonedas hará que su precio llegue a niveles incluso inferiores al valor real del activo.


Paralelamente, el rol de las criptomonedas en el largo plazo es todavía incierto. Las regulaciones sobre estas monedas digitales son escazas, aunque en algunas economías se han tomado medidas que pueden dar una idea de futuro de las leyes sobre las criptomonedas. En China en el 2017 se prohibieron las transacciones con criptomonedas descentralizadas. Además, en Turquía vetó el uso de estas monedas digitales, mientras que en Argentina se han hecho establecer tasas impositivas sobre las criptomonedas (Okeny, 2021). Por otro lado, el uso de las criptomonedas como dinero fiduciario es muy limitado: su aceptación como medio de intercambio es escasa y la alta volatilidad en sus precios las convierte en un depósito de valor más inestable que el papel moneda.


En resumen, las criptomonedas se presentan en la actualidad como una idea novedosa. Un nuevo activo que pueda convivir con el papel moneda en el futuro y que tenga ventajas por encima de este. Su descentralización puede ser beneficioso para las personas que las adquieran, pues su poder adquisitivo se depositará en activos cuyo valor es independiente de las decisiones de los gobiernos y de la política monetaria de los Bancos Centrales. No obstante, en el corto plazo pareciera que las criptomonedas son un activo especulativo, y que su beneficio para los inversionistas se reduce a los beneficios que puedan obtener de las fluctuaciones del mercado. Su utilidad en el largo plazo en la economía es incierta y todavía está por definirse: esta dependerá de las regulaciones que se les apliquen y de su aceptación en la sociedad como un nuevo tipo de dinero fiduciario.




Referencias:











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